lunes, 16 de mayo de 2011

Queremos trabajo. ¿Para qué?

La gente se manifiesta pidiendo trabajo. Quisiera pensar porque a través del desempeño de una tarea para la que está preparada y que encuentra gratificante esa misma gente se sentirá realizada y, por eso, lo pide. Pero me temo que no es así. La gente pide trabajo porque es la única forma de percibir un sueldo y, con él, poder acceder a los servicios básicos esenciales como comida, alojamiento y, desgraciadamente, ahora también una buena educación (que asegure un empleo el día de mañana, en teoría) y una buena asistencia sanitaria.

No nos engañemos. Vivimos con un miedo constante, a perder la casa, a perder el coche (y con él nuestra libertad de movimiento), a perder el dinero que nos permita dar de comer a nuestros hijos y llevarlos al colegio. Por eso pedimos… un trabajo (descarto de aquí a aquellos que temen perder su yate, su tercer chalet o sus vacaciones anuales en los Alpes, esos son tan pocos que mejor no contarlos).
Así pues no pedimos comida, ni casa, ni educación, ni sanidad. Pedimos un trabajo con el que esperamos poder pagar todo eso.

¿Y por qué cuento todo esto? Porque una de las raíces podridas del mundo en el que vivimos (hay otras, y ya las veremos) se encuentra precisamente en ese espejismo llamado mundo en el que nos ha tocado vivir.

Síganme por favor en este razonamiento, y díganme si me equivoco. Lo importante de tener trabajo es tener un sueldo que nos permita alcanzar esos objetivos antes mencionados. No importa en qué consista el trabajo, ya no digamos si nos permite realizarnos como persona (eso es algo que desgraciadamente muchos han renunciado hace tiempo y han abrazado la frase de “hay que trabajar de lo que sea”). Eso nos lleva a que da igual si el trabajo es “útil” o no. Y cuando digo útil, me refiero a que da lo mismo trabajar cultivando trigo que después se convertirá en el “pan nuestro de cada día” que fabricando móviles con una pantalla más grande que “obligue” a todos los del anterior modelo a reciclarse, o trabajar abriendo y cerrando agujeros en el campo. Mientras haya alguien dispuesto a pagar por ello, bienvenido sea.

Pero si continuamos con esa extraña lógica del trabajo, no debemos perder de vista quién nos da ese trabajo: el empresario. Este sujeto tiene un objetivo que curiosamente no se aleja mucho del nuestro, es decir, ganar dinero. Y no puede tener otro. Todo el mundo sabe que una empresa que no gane dinero, por muy útil que sea, por muy ecologista o solidaria que sea, está destinada a desaparecer, y con ella todos los puestos de trabajo que genera, y los sueldos, y la comida, la sanidad, la casa, la educación, etcétera, etcétera.

Pero si el objetivo es ganar dinero, sin más, ¿qué le dirían a un empresario sus amigos empresarios cuando les diga que ha encontrado una forma de hacer dinero sin necesidad de contratar trabajadores? Es más, sin necesidad de producir nada, no estoy hablando de producir nada útil o inútil, sino nada, sólo dinero. En esta lógica perversa del mundo que vivimos, y con esta ética monetaria que padecemos (todos, no sólo los empresarios), ese tipo con esa genial idea se haría el amo. Y lo hizo. Eso se llama especular, y los ingenieros financieros se han hecho expertos en ello.
Pero volviendo al asunto. ¿Cómo podemos reprochar a los conglomerados financieros del mundo de querer producir dinero, y sólo producir dinero, cuando nosotros de alguna forma también lo hacemos?

Dejemos de pedir dinero, pidamos casas, comida, salud, educación, pidamos lo que realmente necesitamos. Trabajo necesitamos lo mismo que una serpiente necesita unas manoplas. Pero claro, ¿a quién se lo pedimos? Pues obviamente al Estado.

¡Pero eso es comunismo! Me dirán. Y ya se demostró que no funciona (será que el que tenemos funciona a las mil maravillas), repetirán. Y para culminar, argumentarán que el Estado no puede hacerse amo y señor de todos. Y yo les diré que, sinceramente, para que me esclavice un sistema financiero, prefiero que lo haga antes el Estado, que por lo menos lo hace por el bien general, y no por algo tan absurdo e inútil como es “ganar dinero, porque sí”.

En la siguiente entrada les diré cómo puede dejar uno de ser esclavo, si es que puede.

No hay comentarios:

Publicar un comentario