jueves, 19 de mayo de 2011

La mejor política social es crear puestos de trabajo, o no...

Últimamente he oído esta frase, tal cual o con variaciones, en boca de numerosos políticos de alto rango de cierto partido que, me temo, lo dice porque realmente lo piense.

Antes de pasar a dar mi opinión sobre esa mentalidad, permítanme la interjección anglófona: ¡What The Fucking!

Bien, pensemos en ello.

Hace poco una conocida periodista de, digamos, pensamiento escorado a estribor, dejó fluir su lengua para decir lo que realmente pensaba, lo cual hay que decirlo es de agradecer, y dejó al descubierto un tipo de pensamiento que está muy extendido, no sólo entre altos cargos políticos, sino en parte de la sociedad. Me estoy refiriendo a Isabel San Sebastián cuando comentó que el reciente terremoto de Lorca tendría como efecto positivo la reactivación del sector de la construcción en esa zona.

Razón no le falta, ya que ese argumento es el que ha llevado al ejército estadounidense a trabajar como avanzadilla de las grandes corporaciones, arrasando países enteros para que después esas “empresas de la construcción” pudieran hacer negocio y así aumentar la riqueza de su país.

Pero si este argumento fuese válido, ¿Por qué no arrasamos con media España para reactivar el sector de la construcción a nivel nacional, y así de paso salir de la crisis? Pues porque este argumento tiene un pequeño problema, y es que el dinero no cae del cielo. ¿Les parece que eso es algo obvio? Pues a muchos se les ha pasado por alto. Síganme en mi hilo de pensamiento:

Si en Lorca – o cualquier otro lugar- se reactiva el sector de la construcción es porque la gente compra casas. Y las compra porque las necesita, no por capricho. Al comprarlas les está pagando el sueldo a los trabajadores que viven de ese sector (albañiles, carpinteros, conductores, proveedores, inmobiliarias, etc.), generando así empleo. Pero el dinero tiene que salir de algún sitio. Si no lo tienen, obviamente nadie tiene el dinero que cuesta una casa, lo tendrá que pedir prestado al banco (una entidad privada que vive de cobrar intereses, o lo que es lo mismo, de la usura) y para poder devolverlo, ya que si no lo hace se queda sin casa, tendrá que trabajar durante muchos años y muchas horas (más de las que pensaba trabajar, porque un terremoto, del cual nadie tiene la culpa, como las guerras, le ha dejado sin casa).

¿Alguien además de mí ve aquí un bucle sin fin? Esto en programación produciría un fallo total del sistema, pero en la vida real lo único que produce son crisis. Si para reactivar la economía y generar empleo hay que reactivar el consumo, es decir, gastar, pero para poder gastar hay que ganar dinero, es decir trabajar, se produce un bucle. Pero si en este bucle introducimos un factor distorsionador, que son los intereses de la deuda generada por los bancos, resulta que para gastar hay que pedir préstamo, y para pagar la deuda hay que trabajar más, para lo cual hay que provocar más gasto, y para ello hay que crear más demanda, es decir, generar más deuda, que conlleva más trabajo, y así hasta el infinito, o no, perdón, hasta la siguiente crisis.

Porque este sistema, desde mi punto de vista absurdo, se basa en dos principios clave que tendrían una fácil solución si no fuera porque nos han lavado el cerebro. Los dos principios son: primero que aquí nadie regala nada, y segundo, que todo va bien mientras que el crecimiento sea ilimitado e infinito (algo que es imposible en un mundo finito) y mientras no haya elementos externos que rompan el correcto funcionamiento del sistema.

Vamos con este último. Cuando digo elementos externos me refiero a algo tan evidente como un terremoto, un tsunami o un huracán. Que se lo digan a la gente de Lorca, a la de Nueva Orleans o a la población de Haití. Resulta que todo iba bien (es un decir) hasta que un terremoto destruyó sus casas. Así que ahora no tienen que trabajar un 20% más para pagar la deuda de la hipoteca, ahora tienen que trabajar eso más un 120% más para comprar una nueva casa. Porque alguien debería haberle dicho a Isabel San Sebastián que el dinero que reactiva la economía sale de los bolsillos de los trabajadores, bastante ahogados ya de por sí (es algo que olvidan fácilmente los que han nacido en buena familia, que dan por sentado que su riqueza es innata e inmortal y que siguen pensando que si los pobres no tienen pan para comer pueden comer bollos). Pero no hay que esperar un desastre natural para que se produzcan estas influencias externas en el sistema. También vale algo tan habitual como el hecho de que haya en otro país alguien dispuesto a hacer tu mismo trabajo pero por cuatro veces menos, sencillamente porque no tiene sanidad, ni educación, ni dignidad, y posiblemente ni libertad para quejarse. ¡Hala, ya hemos roto la baraja!, a ver ahora qué hacemos.

Esto me lleva al primer principio. Aquí nadie regala nada. ¿Les parece lógico? A mí no. Se supone que el que quiere una casa la tiene que pagar. Y si viene un tsunami, pues te fastidias. No es cierto. Sí hay alguien que regala cosas, cosas de primera necesidad que garantiza (o se supone que debe hacerlo) que nadie se quede sin casa, sin comida, sin médico, sin colegio. Ese es el Estado. El Estado está ahí por si un día un terremoto te tira la casa, o para impedir que tu trabajo se lo den a otros que no tienen un estado de bienestar como el nuestro, o que si te quedas sin trabajo por el motivo que sea no te quedes en la calles in comida y sin recursos.

Alguien me contó que cuando visitó Haití tras el terremoto, descubrió con pena que sí que había dinero para construir hospitales, pero que los terrenos donde debían construirse eran privados, y sus dueños pedía –legítimamente según las leyes de la oferta y la demanda- unas cantidades de dinero desorbitadas. Claro, allí no había Estado que pudiera ayudar a su población en ese momento de crisis.

El Estado no da trabajo. El Estado garantiza nuestro sistema del bienestar, pero no dando trabajo. Es mentira que el estado del bienestar significa tener un buen trabajo. El estado del bienestar significa que, si no lo tienes (por los múltiples factores que hemos visto antes) a ti no te falte lo básico para seguir viviendo.

¿Y de dónde saca el Estado sus recursos? Pues de los impuestos. Esos impuestos que todos abominan, y que ciertos sectores políticos se empeñan en reducir porque, dicen, eso ayudará a las empresas a generar empleo, son los que nos garantizarán el día de mañana, el día que vuelva a haber una crisis, o el día que haya un terremoto, poder seguir viviendo con dignidad. Entonces nos acordaremos del Estado, y las empresas, no, esas no se acordarán de nadie.

Así que, lo dicho, si alguien os dice que lo mejor que se puede hacer por la democracia y el estado del bienestar es generar empleo, y si además para ello nada mejor que bajar los impuestos. Amigos míos, os están lavando el cerebro, si no lo han hecho ya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario