A estas alturas todo el mundo sabe que el aire de Madrid resulta irrespirable. En parte se lo debemos a su flamante alcaldesa (elegida por la gracia de Dios, que no por el pueblo), Ana Botella, que durante mucho tiempo consideró que la mejor forma de bajar los niveles de contaminación era trasladando los medidores a los parques. Y cuando alguien le preguntaba, siempre podía salir con la frase "más asfixia el paro". Cierto, nada mejor que resolver un problema centrándose en uno mayor.
Pero no voy a hablar de polución. Sino de otra cosa.
El títtulo del blog es muy claro: si el aire es de mala calidad, lo mejor es quitarlo. Y ustedes me dirán, "pero es que si nos lo quitan, nos moriremos", "ya, pero es que no está limpio, y está envenenando los pulmones", "pero mejor un aire de mala calidad que mata lentamente, que la ausencia de aire, que mata al instante". Aunque, ya puestos, lo mejor sería un aire de buena calidad, que no nos acorte la vida, ¿no?
Esto me sirve para demostrar como muchas veces se nos reconduce de manera intencionada el debate sobre la calidad de un producto o un servicio para evitar la pregunta clave: "al margen de si es bueno o no, al margen de si es mejorable o no, lo que antes tenemos que decidir es si es necesario o no".
Ese es el debate que se nos ha hurtado a los españoles cuando se habla de los servicios públicos, cuando se habla de la educación, de la sanidad, de los vuerpos de seguridad (sí, los bomberos son también servicios públicos). Se ha pasado directamente a su eliminación, lenta pero firme, con la escusa de que son de baja calidad, o improductivos, algo altamente discutible pero cuyo debate debería ir precedido de otro más importante: son necesarios o no.
Ya se lo digo yo, SÍ son necesarios, y eso lo saben las autoridades que intentan eliminarlos, por eso evitan el debate, ya que cuando alguien no tiene argumentos lo mejor que puede hacer es evitar hablar. Eso lo saben muy bien los políticos que evitan los debates constantemente (¿tengo que dar nombres?).
Y es que esos que nos quitan el aire, que nos quitan la vida, saben que si en algún momento descubrimos que los servicios públicos son necesarios, ante su mal funcionamiento (discutible, insisto) sólo queda una salida: mejorarlos, pero nunca, nunca, eliminarlos.
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